Reina de la mañana

15,00 

Todavía era joven, se le veían esperanzas, y chupaba del cigarrillo con delectación, echaba el humo con un gesto de suficiencia frente a la decrepitud. Siempre, siempre sería joven, porque Federico lo recordaría siempre en la edad de cuando lo conoció, por mucho que pasara el tiempo después. Esa imagen de arrogancia de su cuerpo ante el primer claror, desnudo, con sus muslos amplios y sus nalgas anchas, sus pechos enhiestos y su espalda pequeña y al mismo tiempo fuerte, y en su rostro sus labios sensuales y provocadores y su faz lampiña, con sus ojos fijos en la luz azulada y rosácea que venía por la ventana, hermosa, ¡la reina de la mañana!

Todavía era joven, se le veían esperanzas, y chupaba del cigarrillo con delectación, echaba el humo con un gesto de suficiencia frente a la decrepitud. Siempre, siempre sería joven, porque Federico lo recordaría siempre en la edad de cuando lo conoció, por mucho que pasara el tiempo después. Esa imagen de arrogancia de su cuerpo ante el primer claror, desnudo, con sus muslos amplios y sus nalgas anchas, sus pechos enhiestos y su espalda pequeña y al mismo tiempo fuerte, y en su rostro sus labios sensuales y provocadores y su faz lampiña, con sus ojos fijos en la luz azulada y rosácea que venía por la ventana, hermosa, ¡la reina de la mañana!

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EDITORIAL JUGLAR
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